20 azoteas para perderse en el cielo de Madrid (Parte 2)

20 azoteas cielo de madrid

No nos queremos bajar de las nubes de Madrid. Amamos el cielo de Madrid. Hemos continuado el recorrido por las azoteas y tejados para asomarnos a las calles llenas de vida de la capital, vivir el atardecer más colorido y contemplar en primer plano el azul cristalino de los cielos de la ciudad.

Atico11 Hotel de las Letras, una azotea íntima

Gran Vía, 11

20 azoteas cielo de madrid

Los renglones torcidos de la Gran Vía nos acercan a otro punto clave de su sinuosa geografía: El Hotel de las Letras. En su séptima planta nos encontramos con un espació íntimo, de dimensiones más reducidas de lo habitual. Entre líneas, se lee que la visita a este templo del buen gusto se produce con la compañía más selecta. No es un lugar para multitudes, este espacio se reserva para acompañarse de gente especial. Su frescura y calidez maridan con cócteles XXL, ideales para iniciarse en una carta muy actual de tintes mediterráneos con perspectiva global.

Cada día es diferente en este coqueto lugar de decoración cálida y divertida. Su cocina está viva y recorre desde el aperitivo hasta las cenas, buscando sorprender a un comensal agradecido de encontrar un manjar en las alturas. Más allá del plato, nos saluda una cosmopolita Gran Vía más privada, más celosa de sí misma. Por esa sencilla razón, las fiestas son más intensas y desenfadadas cuando se hacen presentes los djs. El tiempo se escapa entre sus árboles pero al menos regresas a casa con una nueva enseñanza: El encanto se reduce a saber sugerir como lo hace este idílico Atico11.

La Terraza del Urban, un sueño muy real

Carrera de San Jerónimo, 34

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Hay lugares cuya fuerza evocadora supera al poder los sueños. Imaginando el lugar idóneo donde perderte en una tarde de verano no habría decorado más apropiado para situar un sueño. La terraza del hotel Urban surfea las calles del Madrid más reconocible y envuelve ese paisaje en una propuesta estética y culinaria de muchos quilates. La decoración del lugar recorre los lugares más inhóspitos de tu mente para dar brillo a tus deseos. El decorado cobra vida en la carta, concebida como una herramienta para saltarse las etiquetas. Su frescor irreverente nos recuerda la maravillosa sencillez del sabor casero a través del gazpacho andaluz. El placer o quizás, la gula, te conducen de nuevo a comer con las manos.

Ante ellas aguarda una tentadora hamburguesa marinada al carbón con huevo y pan artesanal tan irresistible que rompe con los convencionalismos de cuchillo y tenedor. Tras esta experiencia, nos sumergimos en el sabor de las azoteas de Nueva York con el brownie con helado de vainilla. De los sueños nunca queremos despertar y, por ese motivo, buscamos una excusa para prolongar la estancia en uno de ellos. La hallamos de forma instantánea deleitando el paladar con un provocativo Diablo Especial, el cóctel más osado de la carta. Al amanecer, volverás a cerrar los ojos para encontrar este lugar de Madrid donde soñaste despierto un buen día.

Azotea del Círculo de Bellas Artes, Madrid eterno y efímero

C/Alcalá, 42

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Hay un lugar donde la ciudad es eterna y efímera al mismo tiempo. En las alturas del Círculo de Bellas Artes se encuentra una imagen inmortal de la ciudad con la presencia ante nuestros estupefactos ojos del edificio Metrópolis, la Gran Vía, la Cibeles, el Instituto Cervantes, la sede del ayuntamiento o la puerta de Alcalá. Aunque, esa imagen se conserve por siempre, el momento que vives allí arriba ante ella es efímero. Te apena saber que no va a perdurar.

Transcurren unos minutos mientras te recuperas de una especie de mal de Stendhal. Mientras, bajo la lejana mirada de Minerva, en Tartan Roof surgen platos con olor a Mediterráneo y a tierras más lejanas, pensados por Javier Muñoz Calero. Una caricia de mar en forma de recetas (ceviche de rodaballo, caldo tibio de coco, sardinas confitadas…) evocan un chiringuito de playa con clase. Su sabor nos traslada lejos, a una costa sin nombre. En una ciudad sin olas es una bendición celestial sentir la brisa marina para degustar Madrid con todos los sentidos, tal y como hacemos en Madrid Seduce. Tras notar el frescor de una cocina ideada para aplacar el calor estival, descubrir la carta de cócteles de la Azotea es como estar a una estación de metro del cielo. Bajamos las neoclásicas escaleras de la azotea pensando en lo efímero que puede resultar lo eterno.

Skynight Puerta de América, una panorámica del futuro Madrid

Avenida de América, 41

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Un buen día al genio de la arquitectura Jean Nouvel le concedieron el cielo de Madrid para que lo moldeara a su antojo. La azotea del Hotel Puerta de América es la de un hotel futurista y acogedor. La visión de Nouvel acerca del cielo de Madrid es una oda al afterwork más sofisticado en un espacio sobrio pero colorido, amplio y acogedor. La coctelería es el primer impacto fuerte que recibes tras el shock que provoca una decoración que juega con 200 metros de terraza. La amplitud es una carta ganadora del Skynight, uno de esos lugares atemporales.

El colorido del futuro compite en belleza con los cielos de la ciudad mientras a la mesa van llegando unos mojitos hechos al gusto de cada cliente. Cada sorbo es importante en este lugar que parece sacado de un decorado de una película de 007. Sin embargo, el único malvado de la secuencia es ese bartender que tan bien comprende la composición exacta de un White Russian con canela. El sabor de un buen cóctel marida a la perfección con las elegantes tapas del local. Hay diversos inclasificables acorde con la creatividad de Nouvel como los inspirados caramelos de gambas, los paquetes de faisán y manzana o las bolsitas crujientes de mariscos. Es la del regreso al tiempo presente, pero antes, un último cóctel contemplando la panorámica de cómo sera Madrid en el futuro.

Vincci The Mint, un vergel sobre el asfalto de Gran Vía

Gran Vía, 10

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El frescor de la menta llega a las alturas de la Gran Vía para dar un toque verde al verano madrileño. La terraza del Mint es una de las recién llegadas, un juego entre la sofisticación y la irreverencia. Su foodtruck ofrece al visitante una experiencia diferente bajo el concepto Fresh & Music diseñado por Jaime Beriestain. Una velada en su hábitat acogedor que mezcla de madera, vegetación y el cielo de Madrid resulta muy seductor.

En ese camión cargado de sabor te seducirán sus exóticos cócteles llenos de colorido y en los acogedores asientos te perderás en un universo selecto de streetfood ambientado en el aroma de la Gran Vía pero con acento internacional. Un suspiro multicolor para un paseo por la Gran Vía más callejera y desenfadada.

Apartosuites Jardines de Sabatini, el jardín irreal

Cuesta de San Vicente, 16

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El colorido de esta azotea, donde destaca el verde del césped de día y las luces de colores de noche, es capaz de eclipsar la increíble vista del Palacio Real que surge en el horizonte. Al atardecer y con mucha profundidad de campo por delante es delicioso contemplar o fotografiar el instante en el que la luna y el sol se disputan su dominio por el esplendoroso cielo de Madrid.

Cuando cae la noche y te ciernes sobre el plato, agradeces enormemente poder elegir entre el Mediterráneo y Oriente. Las gyozas y los rollitos de primavera con salsa thai combinan a la perfección con un Tequila Sunrise conmemorativo de la cobriza puesta de sol que acaba de acontecer, aderezada con música chill y un gintonic tan florido como este bosque de sabor donde habita la azotea. Para culminar la experiencia, un cóctel que define este jardín como ningún otro: Cosmopolitan.

Hotel Emperador, con la Gran Vía a tus pies

Gran Vía, 53

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Pocas veces puedes experimentar el hecho de sentir los latidos de la historia de Gran Vía bajo tus pies. En este legendario hotel ubicado en la icónica calle madrileña, han dormido o se han casado celebrities y personalidades de toda índole. En sus alturas, te asomas y divisas a lo lejos fragmentos de la historia de una calle que refleja el alma de la ciudad. La vida discurre en paralelo a una inmensa piscina y unas zonas verdes que nos alejan del asfalto. Con música electrónica variada y un cóctel en la mano todo alrededor se fusiona en una fiesta de piscina elegante y con toques trendy.

Muchos afortunados han disfrutado de una barbacoa privada en la azotea del Emperador, aunque es probable que la barbacoa se disfrazara de fiesta de piscina. Otros afortunados -aunque menos- hemos disfrutado con las preciosas vistas, su cristalina piscina y su menú degustación colmado de platos audaces. Las fiestas en Gran Vía se prolongan hasta la madrugada, por ese motivo merece la pena reponer fuerzas con una cocina característica del mundo piscinero: sandwiches, burgers o pizzas dominan en unas propuesta coherente con el buen rollo que trasmite la azotea. Aunque con la brisa callejera es difícil no ponerse moreno, no muy lejos de la piscina un solarium está a disposición de los amantes del bronceado. No te preocupes si sientes el pulso acelerado, es el latido de la irreverente Gran Vía arrastrándote a su lado más refinado.

Hotel Índigo, universo pop

Calle Silva, 6

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La Gran Vía del Hotel Índigo es distinta a todas las demás: se viste de traje, te guiña un ojo, te invita a quedarte reservándote su rincón más seductor. Es fácil adentrarte en la decoración que impera en este lugar. Ofrece ese colorido tan deseado en medio del gris del asfalto y una deliciosa postal de las azoteas de Gran Vía. En el universo Índigo nada está en el guión, todo supone un enorme descubrimiento del cielo de Madrid, sus tejados y sus sabores. Su inspiración pop inunda todos los estratos del lugar y los impregna de una sofisticación única. La interiorista Teresa Sapey ha diseñado en Índigo un jardín de de las maravillas con un aire pop-art, lisérgico y bohemio.

Una velada en este lugar implica un juego con tu vista, te hace creer que caminar por los tejados de Malasaña es posible. Algo que parecerá aún más posible cuando contemples su imposible jardín vertical. El color rojo de las tejas salpican una escena incompleta sin uno de esos combinados exóticos creados por las sabias manos de sus bartenders. Un brebaje que supone un brillante maridaje a la música electrónica que nos eleva por encima del manto azul que nos sobrevuela. En Índigo, la Gran Vía más pop reserva muchas sorpresas en su vanguardista balcón.

El Viajero, auténtico castizo

Plaza de la Cebada, 11

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No existe nada más castizo ni definitorio de lo madrileño que La Latina. Sus alturas son las más bellas de la ciudad porque radiografían el sentir de Madrid. De escasa altura pero sobrado estilo, El Viajero es fiel a su nombre. La experiencia de entrar por sus puertas es un viaje a muchas partes y a ninguna. Evoca lugares en los que has estado o que has soñado, pero siempre está presente el perfume inconfundible de Madrid en cada esquina. No hay mucho espacio en la azotea de este bar con solera pero merece la pena abandonarte allí y sorprenderte mirando inquieto la soberbia cúpula de San Francisco El Grande, mientras das buena cuenta de un cóctel con sabor al barrio.

La diversidad de la cocina se pone de manifiesto en una carta muy viajada, donde destaca la carne llegada directamente de los pastos de Uruguay. Hay más opciones menos carnívoras pero es difícil resistirse a quien no sea vegetariano o vegano. Ellos, no obstante, alucinarán con la deliciosa berenjena confitada con salsa oriental, la soberbia burrata de la casa o sus ensaladas. En la noche no falta buena música y las sonrisas cómplices deseando otra dosis de hedonismo en una de las terrazas más auténticas de la ciudad.

Hotel Mercure Santo Domingo, beber el aroma de Madrid

Calle San Bernardo, 1

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Una vez te envuelves en la brisa de la noche recién estrenada del Madrid de los Austrias no hay marcha atrás. Es el momento de calma después de un intenso día en el que la lujosa piscina del Santo Domingo ha estado muy presente.

La vista de este lugar tan bucólico se completa con el jardín vertical más grande del mundo. A su alrededor siempre suceden cosas sobre esas cómodas butacas blancas en las que Madrid te acecha. Esta explosión paisajística permite saborear mejor la extensa variedad de cócteles con los que regar nuestra garganta ansiosa.  Todas las tardes, a partir de las 6 pm, los llamados Sunset lookers encuentran en sus aromas naturales un nuevo hogar donde disfrutar la puesta de sol. El aire de la calle parece recomendar un Sex on Madrid, un colorido combinado que hace una esplendorosa pareja con un Blue Eyes o esa maravilla exótica llamada Texas Tea. En pocos lugares beberás la esencia de Madrid como en este Hotel Santo Domingo y su piscina exquisita.

Este ha sido nuestro paseo por la nubes de Madrid. En las alturas hemos encontrado estos veinte oasis destinados a mitigar un caluroso verano mientras acariciamos el cielo de Madrid. Aquí se reúnen constelaciones infinitas de sabor y buen gusto. Ahora es el momento de volver a poner los pies en el suelo y preparar la mente y el alma para un nuevo viaje a los cielos de Madrid. Si aún no has leído la primera parte de este recorrido por las azoteas solo tienes que entrar aquí.

 

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